Apretar y rechinar los dientes dejó de ser un problema ocasional. Especialistas en distintas ciudades de México reportan un aumento sostenido de consultas por bruxismo, ligado a niveles de estrés que no bajan. Un estudio clínico con seguimiento de 4 meses y medición por ecografía evaluó qué tan efectiva es la toxina botulínica en el masetero para tratarlo. Esto es lo que encontró.
El bruxismo es el rechinar y/o apretar involuntario e intenso de los dientes, resultado de la hipertrofia o contracción reiterada de los músculos masticatorios, principalmente los maseteros. Puede ocurrir mientras se duerme o durante el día, y en ambos casos sobrecarga los dientes, la articulación temporomandibular (ATM) y la musculatura facial.
En México, los datos de prevalencia varían según la población estudiada, pero apuntan en la misma dirección. Un estudio publicado en imbiomed encontró una prevalencia de bruxismo del 21.57% entre estudiantes universitarios en Veracruz, asociada directamente al estrés académico. Otro trabajo publicado en la revista chilena SciELO documentó bruxismo y trastornos temporomandibulares asociados en población escolar de San Luis Potosí. De forma consistente con la literatura internacional, se han reportado cifras de bruxismo diurno cercanas al 20% de la población general, fuertemente relacionadas con estrés y ansiedad.
"Los factores psicológicos, como el estrés y las características de la personalidad, se han relacionado con el bruxismo. Algunos estudios clínicos sugieren que el estrés, más que el bruxismo en sí mismo, es la razón principal para que los pacientes busquen atención médica." — Alcolea & Mkhitaryan, Cirugía Plástica Ibero-Latinoamericana, 2019.
La toxina botulínica tipo A bloquea la liberación de acetilcolina en la unión neuromuscular: su cadena ligera actúa como una endopeptidasa que corta las proteínas SNARE necesarias para que las vesículas con acetilcolina se fusionen con la membrana de la neurona motora. El resultado es una interrupción temporal de la transmisión nerviosa hacia el músculo inyectado.
Aplicada en el masetero, esta relajación reduce la fuerza de la contracción excesiva —tanto en reposo como al masticar— sin eliminar la función masticatoria normal. Es el mismo mecanismo que se usa desde hace más de tres décadas para tratar el estrabismo, la distonía cervical, la hiperhidrosis y las líneas de expresión, aplicado aquí a un músculo distinto.
Un estudio clínico prospectivo, controlado y longitudinal publicado en Cirugía Plástica Ibero-Latinoamericana —revista de la Federación Ibero Latinoamericana de Cirugía Plástica, indexada en SciELO— siguió a 25 pacientes con bruxismo diagnosticado durante 4 meses, con evaluaciones antes del tratamiento, a las 2 semanas y a los 4 meses. El seguimiento incluyó fotografía digital, ortopantomografía, medición del diámetro bigonial con calibre digital y ecografía del grosor del masetero en reposo y contracción.
"La toxina botulínica tipo A protege las estructuras orofaciales —dientes, músculos mandibulares, ATM— del daño inducido por el bruxismo, al tiempo que alivia el dolor y los síntomas relacionados con la excesiva contracción muscular." — Conclusión del estudio, Cirugía Plástica Ibero-Latinoamericana, 2019.
En el estudio, la toxina se inyectó de forma bilateral en 3 puntos localizados en el tercio inferior de cada masetero, previa aspiración para evitar inyección intravascular. Las dosis se ajustaron según la hipertrofia muscular medida por ecografía en cada paciente: variaron entre 30 y 95 unidades Speywood por persona, con una media de 57. Solo 4 de las 25 pacientes requirieron una segunda aplicación, dos semanas después de la primera, en algún fascículo con respuesta incompleta.
No hubo dolor severo reportado por ninguna paciente; el 80% no tuvo dolor o fue leve. Los efectos adversos —equimosis, edema leve o fatiga muscular transitoria al masticar— fueron poco frecuentes y se resolvieron en días.
La misma reducción de la hipertrofia muscular que alivia el bruxismo tiene un efecto visible: el óvalo facial se afina. El estudio lo documentó de forma objetiva al medir el diámetro bigonial —el ancho de la mandíbula entre ambos ángulos— antes y después del tratamiento, encontrando una disminución significativa y estable en el tiempo. No es casualidad que varias pacientes del estudio describieran su rostro como "más cuadrado" antes del tratamiento debido a la hipertrofia del masetero.
Esto explica por qué, en la práctica clínica, el tratamiento del masetero con toxina botulínica se solicita tanto por razones terapéuticas —dolor, desgaste dental, cefalea tensional— como por razones estéticas de afinamiento del óvalo facial. Ambos objetivos responden al mismo mecanismo, y con frecuencia coexisten en la misma paciente.
Vale la pena una valoración cuando aparece alguno de estos signos:
No. La evidencia disponible la ubica como un tratamiento complementario, no como sustituto de la férula de descarga ni de la fisioterapia. La toxina botulínica relaja el músculo masetero y reduce la fuerza de la contracción excesiva, mientras que la férula protege mecánicamente las piezas dentales durante el sueño. Lo habitual en un protocolo bien planteado es combinar ambos abordajes según el caso, siempre bajo valoración odontológica y médica.
En el estudio clínico de referencia, publicado en Cirugía Plástica Ibero-Latinoamericana, el efecto sobre la relajación muscular se observó entre 2 y 4 días después de la inyección inicial, con el resultado consolidado hacia las 2 semanas. La duración del beneficio alcanzó hasta 6 meses en el primer tratamiento; solo 4 de las 25 pacientes del estudio necesitaron una segunda aplicación dentro de ese periodo, y el 88% expresó su intención de continuar con sesiones periódicas para mantener el resultado.
Según el mismo estudio, el 80% de las pacientes no tuvo dolor o fue leve durante la inyección, y ninguna reportó dolor severo. Los efectos adversos documentados —equimosis, edema leve o fatiga muscular al masticar— fueron poco frecuentes y transitorios, resolviéndose en días. El 96% de las pacientes se declaró satisfecha o muy satisfecha con el tratamiento, incluso quienes presentaron algún efecto adverso menor.
Sí, y está documentado objetivamente. El estudio midió el diámetro bigonial (el ancho de la mandíbula entre ambos ángulos) antes y después del tratamiento, y encontró una reducción estadísticamente significativa que se mantuvo estable a los 4 meses, en paralelo con la disminución del grosor del masetero medida por ecografía. Es un efecto secundario esperado del mismo mecanismo terapéutico, no un tratamiento estético independiente.
Médica cirujana. Posgrado en medicina estética, obesidad y longevidad; diplomado en medicina funcional y ortomolecular. Cédula profesional 13413234.